Por: Diana Rayón

                 A espíritu libre,

universo libre.

(Koan Zen)*

Sabemos que en este país es muy difícil promover la cultura y por lo tanto, nuestro propio trabajo. En mi columna pasada, abordé este tema, a partir de la problemática que tuve para conseguir unos boletos de avión para una gira a Chile, y todo me orilló al tema que ahora, me interesa: la autogestión. Si les dijera que se puede lograr ¿me creerían? ¡Claro que se puede! Pero -sí, hay un pero- sólo si estás dispuesto a trabajar el TRIPLE de lo que estás acostumbrado.

Hablaré concretamente de mi caso, yo que me dedico a la inter y multi-disciplina. Cuando me aparté del medio de la danza, fue todo un reto. Implicó enfrentarme a lo que criticaba de mis directores, verme frente a frente con muchas dificultades. Ser intérprete, bailarín o actriz, en una compañía en donde no tienes que preocuparte por la gestión es muy cómodo, sólo piensas en tus funciones, en la paga y en ser mejor cada día. Cuando quieres dar el paso a la creación, arrancan los problemas; debes tener bien claro el nombre de tu proyecto, que rumbo tomará, los integrantes que conformarán a tu compañía y las estrategias para dar a conocer tu trabajo.

En fin, uno piensa que solo bastará con el hambre de crecer y que las personas tendrán las mismas ideas, las mismas metas y las ganas de comerse al mundo. Gran error. Cuando tienes tu proyecto eres la única persona que se quiere comer el mundo a su manera: lo que sigue es un tropezón tras otro. Auto-gestionar tu propio grupo se vuelve un verdadero dolor de cabeza.

Yo terminé peleada con el medio de la danza, no quería saber nada de ese medio y estoy segura de que si hubiera querido seguir la ruta del bailarín, hubiera sido mucho más fácil y seguiría cosechado éxitos como intérprete, pero ya no quería eso, así nació Taller de Quimeras, mi compañía inter-disiciplinaria.

Comencé de ceros, dando funciones gratis, intercambiando propuestas con amigos. Salí de los lugares comunes del movimiento convencional, para dirigirme al arte en general y todo aquello que me apasiona -que no es sólo la danza-. Al principio era imposible conseguir teatros, así que la opción fueron los espacios alternativos, más baratos pero que te ayudan a armar un público; nueva cuestión ¿qué público quieres tener en las butacas? En mi caso, mi gusto es llevar la danza, la interdisciplina a gente con poco o nulo contacto con este estilo.

Después, viene el problema del dinero. Para ahorrar gastos, te conviertes en el director, el bailarín ,actor, músico, taquillero, promotor, etc. Es algo agotador. Intenté trabajar con varios “gestores” o “promotores”, que me vendieron una idea de crecer y que desaparecieron dejando todo el trabajo botado. No me alcanzan las dos manos para decir cuanta gente me ha quedado mal. Esto es caer y levantarse, no hay de otra, y es bueno ser todólogo cuando empiezas con un proyecto, porque creces de golpe.

Así que después viene el tomar cursos para saber de que trata la gestión cultural. Ahí es cuando uno sabe si nació para eso o no. Yo no nací para eso. Afortunadamente, después de años y años de movilizar yo sola a mi compañía, conseguí a personas competentes para cada tarea. Aún hago mucho de todo, pero es un respiro delegar responsabilidades, aunque eso signifique que en vez de tomarme una cerveza con amigos, tenga que pagar un pequeño sueldo a alguien que estará ayudándome.

Fotografía: Andrés Galindo

Pero no todo ha sido en vano, en mi caminar he aprendido hacer páginas web, fotografía, diseños sencillo de carpetas, composición musical, vestuario -muy burdo-, etc. No cabe duda de que si uno solo no se mueve, nadie lo hará por ti. Y a pesar de todo, hoy me siento libre de elegir mi caminar, de elegir que provocará mi cuerpo, mis palabras, mi ser al público. Soy libre de ataduras en muchos sentidos.

Todos debemos de pasar por la auto-gestión para aprender más, para hacerse de un estómago más fuerte, para valorar el trabajo de cada persona de tu equipo. Para que crecer como artista y como ser humano.

El resultado siempre valdrá la pena cuando viene del sudor de tu frente, cuando ves las butacas llenas de gente que no conoces y ovacionan tu trabajo. Eso es una sensación única. Espero que algún día, mi trabajo en el medio de la danza, tenga esos aplausos y esa aceptación, pero sobre todo, deseo algún día, volver a pisar Bellas Artes con mi propia propuesta, y que vaya público de todo tipo, llevar un buen proyecto en donde se abra ese maravilloso vitral y que todo fuera gracias a una buena auto-gestión y gestión.

Mientras tanto, disfrutemos del espíritu libre con sus altas y bajas.

*Koan zen: Es un problema que en la tradición zen, el maestro planteaba a sus maestros para comprobar sus progresos.