Por: Viridiana Juárez
“Se necesita un cuerpo para bailar,
pero el requerimiento más grande, es el corazón”

Indudablemente en ésta vida hay estereotipos para todo, los bailarines no nos salvamos, ¿Cómo es la bailarina perfecta? Alta, delgada, piernas y brazos largos, poco busto (realmente muy poco), caderas pequeñas y angostas, rubia, castaña, pelirroja, rostro finísimo, debe tener una línea maravillosa. Así es la bailarina perfecta según los estereotipos, ahora díganme ¿A cuántas bailarinas perfectas conocen? En realidad conozco a una, es mi amiga y la adoro, pero el punto no es ese el punto es que hay un montón de bailarinas “imperfectas” en todo el mundo. Soy mexicana y me honra serlo, porque soy de las mexicanas que también sabe ver las virtudes de su país, de las que aman las flores y los colores, podría comer mole a diario y desear que sea Día de Muertos todos los días. 

Como podrán ustedes imaginar, mi cabello es negro, mis ojos como el café de todas las mañanas, mis caderas como para parir a un batallón completo y mis piernas, bueno, dejémoslo en que yo si tengo piernas; poseo un cuerpo fuerte, para algunos quizá rudo, un cuerpo herencia de una bisabuela que es casi un roble y de tantas cosas que pude haber elegido hacer en este mundo elegí la danza.

No es que la danza sea difícil como a todos nos lo hacen creer, simplemente hay que trabajar, hay que esforzarse, pero hay que vivir en ella, no sobrevivir. Pasa, a mí me pasa que no puedo ser la bailarina perfecta, que adoro bailar, que mi cuerpo y mi alma se funden al hacerlo, pero también pasa que no entiendo cuando me dicen en plena clase “reduce las caderas”, “comprime las caderas”, “afina tus muslos” ¿Qué hago? ¿Me paso una rebanadora de jamón? Veamos, ¿Qué haré con estos caderones, cómo me los comprimo? ¿Dejo de comer, mastico y lo escupo, vomito? Todas ideas completamente absurdas, porque a mí no me molesta mi cuerpo, porque prefiero comer helado a que me cuenten a que sabe, lo mismo que tomar ponche y comer tamales; no se trata de tirarse a la perdición y comerse todo lo que se te ponga enfrente, se trata de quererte, si te quieres por salud te cuidas, pero una cosa es cuidarse y otra abandonar lo bueno de la vida.

Tuve una maestra que marcó mi andar en la danza no hace mucho tiempo. Morena como el chocolate, caderas anchas, empeine envidiable, ágil, de una calidad de movimiento impresionante, entonces me vi en ella, con este cuerpo mexicano, arraigado a la tierra y supe que no tenía que intentar ser lo que no soy, porque la danza se trata de ser, no de aparentar ser, ella me dijo una tarde que había conocido a una maestra que le dijo “Si a ti no te estorba tu cuerpo para bailar, que hablen los demás”. Actualmente esa sabía maestra que tan buen consejo supo dar es mi maestra.

Tengo la dicha de poseer un cuerpo que me da calidades de movimiento diferentes, que me hace ver fuerte como guerrera y no como una escuálida Willi (sin ofender a las Willis porque Giselle es uno de mis ballets favoritos) sé a que sabe el helado, los pasteles de mi mamá, el arroz con leche de mi abuelita, los chocolates, los tamales, el ponche, las galletas, la pasta de mi tía y un montón de cosas que el mundo cree que las bailarinas no podemos comer y eso hace más feliz y placentera mi vida.

No todas tenemos la suerte de ser delgadas genéticamente, tengo varias amigas de esas que comen y comen y no engordan ¡Que bendición!  Pero como lo he mencionado, no todas contamos con ella, las que sí, disfruten, las que no también, no creo que un chocolate te haga ningún mal cuando tienes de 6 a 8 horas diarias de entrenamiento.

Me da un poco de risa ver como algunas de mis maestras se emocionan y me dicen “Ahí vamos, desapareceremos esas piernas” o cualquier cosa por el estilo, agradezco profundamente que piensen en mí y estén ayudándome pero debo admitir que mis pequeñas risas se deben a que amo mis piernotas, no quiero ser “popotitos”. Hay también algunas otras maestras que esperan que tengamos el cuerpo de una bailarina clásica y realmente ese no es mi objetivo en la vida, no estudio clásico, es la técnica tradicional formativa por excelencia, pero créanme mi cuerpo no cumple con las características, un poquito de ubicación para esas queridísimas maestras, no esperen cuerpos de clásico cuando no estamos formándonos como bailarinas clásicas.

A todo ésto, ¿Alguna vez han visto una foto de Anna Pavlova? La mujer no era exactamente delgada y bueno, es Anna Pavlova; a alguien muy romántico se le ocurrió que las bailarinas debíamos ser cuerpos alargados, etéreos e imposibles de tocar, sin embargo yo disfruto de ser una mujer tangible, real y fuerte.

Hay dos formas de mirarse en el espejo bailarines, yo podría mirarme y disgustarme por ser morena, no tener los ojos más grandes y azules como el mar, tener piernas de caballo de carreras, estar gorda, no tener la nariz respingada, ni sonrisa de comercial de pasta dental. La cosa es que cuando estas molesto, desesperado o frustrado no ves las maravillas de tu cuerpo, no ves que está ahí completo, resguardando tus ideas, tus pensamientos, tus sueños, tu conocimiento, protegiéndote del exterior,dándote movilidad; tienes un cuerpo que te permite vivir y por ende te permite danzar.

Intenten verse de la otra forma al espejo, como intento hacerlo yo, disfruten de su cuerpo porque así tenga muchos defectos, también tiene muchas virtudes, todo el tiempo estamos intentando cosas extrañas para vernos mejor, el ponerte miles de cosas en el cabello para que crezca y brille, el maquillaje excesivo, los pupilentes, la ropa negra para verse más delgado, los tacones para ser más alto, la faja que te mete la panza, las mil capas de mascara para pestañas. Intenta mirarte un día en el espejo así como eres, después de ducharte, mírate y date cuenta de la maravilla única que eres. Es difícil estar conforme con lo que uno es, siempre quisiéramos más, pero si no fueras exactamente como eres y quien eres, tu vida sería completamente distinta.

Hoy puedo mirarme y decirles que jamás cambiaría el color de mi piel y de mi cabello por nada en el mundo, que adoro que mis ojos sean un café mañanero, que mi sonrisa es bella aunque no sea de comercial, que tengo el cuerpo de una guerrera, que si no fuera exactamente tal cual es no tendría las mismas posibilidades de movimiento que tengo ahora y que jamás me hubiera podido dar la felicidad de escuchar a diversas personas decirme que hago magia cuando bailo.

Gracias a mi cuerpo por caminar conmigo, por bailar conmigo, por vivir conmigo. Gracias porque sé que aquellos que realmente me aman, no aman sólo mi forma de ser o sólo mi cuerpo, aman el paquete completo.

Y ustedes, ¿Qué es lo que ven cuando se miran al espejo?