Por: Sarai Menchaca

Cuando vemos a un(a) bailarín(a) en escena tendemos a admirar el trabajo corporal, la interpretación, la fuerza del movimiento, pero pocas veces nos preguntamos ¿qué hubo antes de ese logro? Desde mi experiencia, tengo la suerte de que al pensar en el tras bambalinas, puedo visualizar a las madres presentes o no de los artistas escénicos; hoy por hoy, siendo 10 de mayo -casualmente- me pregunto si acaso hay algo más agotador que ser bailarín(a) y concluyo que puede ser que sí, ser la madre de ese bailarín(a) puede requerir el doble de esfuerzo. 

En el recuento de años -cual canción de Gloria Trevi- recuerdo todas aquellas historias de las que he sido testigo, en las que  “El show debe continuar”. El medio de la danza es sumamente agotador, y si hay alguien en esta vida que lo tiene claro, es la mamá.

Ellas rescatan a su bailarín (a) de cualquier desventura artística, o al menos hacen todo lo que este en su poder para lograrlo. Son capaces de lo que sea; he visto mamás -cual heroínas sin capa- cruzar la ciudad para llevar un vestuario olvidado, vendiendo productos de catálogo para comprar las puntas de sus hijas, levantarse antes del amanecer para preparar la comida “saludable”  que encargó el nutriólogo, cambiar de ciudad de residencia para darle a su retoño la posibilidad de estudiar la carrera que ama, sacrificar sus propias necesidades para pagar una colegiatura, un viaje, un uniforme -nada barato-, son capaces de cualquier cosa para regalar posibilidades de bailar.

La dedicación de estas hermosas criaturas es simplemente impresionante, ellas también viven una vida en la danza, como manager, chofer, psicóloga, coach, nutrióloga, consejera, porrista y/o masajista. Nadie como ellas para cubrir todas estas profesiones.

Y después de tanto trabajo ¿qué hay para ellas? Esa satisfacción de ver a su hijo(a) cumplir su sueño. Platicando con dos mujeres, me compartieron estas pequeñas historias en las cuales queda demostrado ese miedo y amor de ver a sus hijxs volar ya a tan temprana edad. 

 

 “Una de las experiencias más difíciles (que hemos pasado muchas) es haber soltado a mi hija en un viaje a otro país (Canadá) completamente sola en el mero día de su cumpleaños (cumplía sólo 12 ) La dos mostramos una gran entereza, yo tratando de decirle que todo iba a estar bien y ella diciéndome que confiaba en mí. Ahora en su estadía en Chicago (Joffrey Ballet) es muy fuerte saber que le pasa algo…dolor de cabeza, muelas, resfriado, y ¡No estar ahí!… pero también sé que ha aprendido mucho de la vida (…) Y aunque  ha sido muy difícil ahí va en el camino… no niego que hay días en los que me habla desmoralizada por una u otra cosa pero siempre está ahí una como mamá dispuesta a todo para sacarla adelante. Siempre le he dicho – Estos logros son de dos, tú con tu trabajo y yo con el apoyo que se requiera-“

Blanca Estela Posadas

 

“Como mamá de bailarina te enfrentas a muchas cosas, por ejemplo cuando yo con gusto digo que mi hija es bailarina, la gente se me queda viendo como diciendo ¿En qué va a trabajar? ¿Y qué más va a estudiar? (Su hija baila en la Compañía Nacional de Danza de México) (…) También las privaciones, los esfuerzos para completar para las puntas de mi hija cuando era estudiante., Claro que hoy al verla en el escenario se me olvidan todas las privaciones económicas”

Marcela Gëmez

 

 

Finalmente, sólo queda decir “Gracias”, a todas esas mujeres que son dueñas en su mayoría, de los pasos que marcamos dentro y fuera del escenario.

Los invitamos a compartir sus historias con nosotros en los comentarios debajo de este texto.