Escucha a tu cuerpo y respira

por Diana Rayón

En mente sana cuerpo sano, así dice un dicho que se tomó de una Sátira de Décimo Junio Juventus, un escritor romano; y como escultores del cuerpo, los bailarines debemos tener en buen cuidado de la mente, pero ¿qué pasa cuándo nos desconectamos del cuerpo? Pasan accidentes, enfermedades, en pocas palabras, nosotros mismos nos damos una patada bien dada para estar fuera del juego.

No es que seamos consientes de eso, creo que al contrario, no sabemos escuchar cuando nuestro cuerpo dice “Stop”, o cuando el cuerpo le dice a la mente “Para”. Bueno, pues yo cometí el terrible error de estresarme y trabajar el triple por esa gira a Chile -de la que ya he hablado- y que me ha dejado endeudada. Me di un golpe bajo.

No es fácil dirigir una compañía, así que el estrés llega como una ráfaga de viento y se cuela por todo el cuerpo. Uno puede detenerlo pero cuando los problemas te aplastan pierdes piso ante ese ventarrón. Fui una tonta, no escuché a mi cuerpo que es lo primero que debo hacer, olvidé que aunque los problemas me agobien, todo tiene solución menos la muerte -como bien dicen las abuelitas. Les contaré qué me pasó y créanme que todo tiene su conexión.

De las alas

Los boletos de avión los necesitaban en Chile antes del 31 de enero ¡y no me los entregaban!, así que hablé, y hablé, y hablé, cada semana de enero para que tuviera la reservación, si no, estábamos fuera de Chile; me los entregaron un día después de la fecha limite. Resultado: estómago un poco desecho, pero sobreviví a eso respirando poco y suspirando mucho. Después fue conectarme con gente de Chile para conseguir más funciones, algunas ya me habían dicho que sí y en el momento ya no contestaron. Respirar y meditar porque todo tenía que fluir.

De la salud

Llevo 29 días enferma.

Empecé por una infección en el estómago que me debilitó y después tuve una infección en la garganta, la cual me debilitó aún más y hasta las rodillas sucumbieron. Efecto Dominó le dicen y aún no acabó, porque yo seguía trabajando. Uno como artista no se puede dar el lujo de dejar de trabajar una hora porque no es un trabajo seguro y si no trabajas esa hora, es una hora que no tienes en la comida o la cena. Así, que por no descansar y hacer un alto total, me dio influenza estacional fase tres. Finalmente paré.

Al no escuchar a mi cuerpo el me gritó. Así que desgraciadamente con un virus, no puedes hacer nada, además eres un foco de infección, tienes y debes reposar al 100 en la cama y sin problemas.

A los que no les ha dado influenza, es tener una gripa e infección de garganta a la quinta potencia, sientes que mueres. No puedes leer, ni escribir, ni ver tele, quieres llorar -y yo no lloré ¡hice el drama de mi vida!-. Mis amigos más cercanos me decían que descansara y delegara mis clases, mis trabajos y así lo hice, en la semana que tenía agenda llena.

De las suplencias. El delegar clases significa en muchos casos una sola cosa; quejas.

La gente se queja, y se queja sin entender que el maestro titular se puso muy grave. Mis reemplazos fueron estupendos porque es gente que toma mis clases y sabe como las doy, pero solo basta con una persona para que lleguen los reclamos y, mientras se supone tenía que “descansar” y estar “tranquila”, llegaron los problemas.

Gente que se ha quejado por nimiedades y lo peor aún, después de un tiempo y no a la cara y algo que me puede molestar es la falta de honestidad. Si les preguntas a tus alumnxs que si hubo problemas y te dicen que todo fue maravilloso, y después la jefa te da un correo en donde un alumno -uno solo- se quejó diciendo que una de las maestras suplentes “atentó contra su vida”.

Esto porque está muy lastimado, tan lastimado que debería estar en el hospital y no en una clase de danza. ¿Por qué no tenemos el coraje de decirles a los maestros de frente que no nos gustó algo de la clase? Peor aún, ha habían pasado casi 15 días y se preguntó tres veces si todo estuvo bien y se contesta que sí, que excelente. Ahí vamos en retroceso y un retroceso brutal. No somos niños, podemos dialogar con el que está al frente de la clase y si es de oídos sordos, entonces sí, se habla con el responsable.

En fin, esto me causó que después de tardar de salir de la influenza me diera ahora una alergia -y como yo sí tengo la madurez para optar por mi cuerpo- otra vez, a descansar. Era mi semana fuerte, y me vi en la necesidad de parar porque estaba muy enferma y estoy tratando de buscar la raíz de mi problema; sé que mi mente me está dando lata. Pienso demasiado, me vuelvo loca del trabajo y quiero estar con todos los pendientes y las deudas pagadas.

Así que tengo que hacerme un escáner meditando, haciendo una clase somática para darle cariño al cuerpo y la mente y resolver los problemas que me están afectando. Aquí les conté los que están en la superficie, los que se pueden ver a primera vista, pero hay muchos problemas ocultos, porque somos artistas y movemos muchas emociones. Hay algo que me está tensando de más. Lo estoy solucionando con ejercicios, respiraciones y sobre todo, dándole cariño a mi cabeza para que el cuerpo sane por completo. Hay un libro maravilloso que se llama Escucha a tu cuerpo, que habla acerca del problema físico, emocional, psíquico y cómo debes combatir cada enfermedad que son tan distintas. Es muy interesante saber que cada problema tiene una raíz en nuestra personalidad y repercute al cuerpo. Pero como diría Ende, esa es otra historia que se contará en otro momento.

Hay una frase de Voltaire, “El secreto para tener una buena salud es que el cuerpo se agite y que la mente descanse”. Vaya, que cachetada me llevé al leer esto. Soy bailarina y no sacudí a mi cuerpo cuando lo necesitaba. Respirar con calma y sin prisa, llenarme de laberintos adictos a la mente. Ahora, es momento de escuchar hasta el rincón más oculto de mi ser para entender aún más a este ser complejo de nombre Diana.