Por: Elizabeth Martínez

“Elige un trabajo que ames, 
y nunca tendrás que volver a trabajar en tu vida” 
Confucio 

Hubo un tiempo que mi único deseo era quejarme de las instituciones dancísticas mexicanas, esas que no me quisieron en ninguna escuela que porque si gorda, que porque cero talentosa o porque la cadera no más no. Ahora sólo puedo decirles una cosa: GRACIAS. Sin esa negativa no sé, a ciencia cierta, qué estaría haciendo ahora.
Durante muchos años, me fue imposible encontrar paz con la danza. Había un dejo de sufrimiento por no cumplir cánones y porque mi cuerpo no llegaba a los estándares que deseaba; cada uno es uno con su cuerpo y con sus límites, y aprenderlo me costó la columna. Me rompí, y fue cuando mi Yo me dijo que debía bajarle al entrenamiento, al esfuerzo, a mi deseo de seguir bailando -jovencita tal cual no estoy-, debí entender el “Estáte quieta”.
La depresión no se dio a desear, llegó corriendo y se instaló a mi lado el tiempo que permanecí en cama. Sin embargo, hacía algunos años que había impartido uno que otro taller, una que otra clase, actividad que nunca me desagradó pero que consideraba realizaría de lleno por ahí de mis 50 años, no a esta edad en que creía ingenuamente que estaría de escenario en escenario. Tantoesfuerzo ¿para nada?
Tiene relativamente poco que mi quehacer se ha vuelto 100% pedagógico. Experiencia, motivo, salvavidas, reencuentros. Terminas por toparte a ti mismo en cada alumno o alumna que se encuentra bajo tu protección.

Enseñar 

Para enseñar, no cabe duda que hay que tener en el trayecto no buenos, EXCELENTES MAESTRXS. La ausencia de la academia en mi vida, hizo que yo pudiera deambular por todos y cada uno de los rincones del universo dancístico. Talleres, academias, clases particulares, etc.
Pasé del Graham al Release, del Ballet Ruso al Contemporáneo, del Limón al Francis; jazz, africano, aéreo, samba, tango, etc. Aunado a ello, teatro, composición, música, historia, teoría y bueno, todo lo que cupiera en una cabeza hambrienta de conocimiento. Soy una cajita de curiosidades donde se instalaron dos amores: El Jazz y el Release.
Las primeras clases impartidas fueron de nervios “contracturados”. Saber si vas por buen o mal camino sólo una cosa te lo dirá; el tiempo. He tenido alumnxs de todo tipo, desde los que están deseosos de aprender y te respetan, hasta los que cuesta el hígado echarte a la bolsa porque no entienden que muchas veces, la experiencia en escenario multiplica las herramientas y mañas que uno es capaz de adquirir. Son reticentes al aprendizaje e incluso ellxs te quieren educar a ti.
No cabe duda que pagué mi karma de soberbia.

Poco a poco, sin darme cuenta, y sin descuidar mi propio entrenamiento, fui aprendiendo la labor, las correcciones, las bocas, los respiros, el diafragma, los límites ajenos. Vas estudiando al mismo tiempo que lxs alumnxs desfilan frente a ti sus sueños y carencias. Aparte, la motivación; está claro que no quieres que sufran lo que tú y los corriges hasta el cansancio. “Respeta mis lesiones si no respetas mis años” alguna vez le dije a una alumna. Entendió. Sigue repelando. No entendió.
Mientras ellxs aprenden, yo aprendo. Disfruto sus avances y me cuesta reprenderlos por sus errores. Me duelen sus fracasos pero siempre, con la distancia recomendada de un profesor, los animo. Me volví guía, consejera y “la profa que avienta calcetines”.

Los resultados, los mejores

Alumnos que han dicho a sus padres que “Perdón, ya no estudiaré gastronomía, sino danza” y que declaran abiertamente su amor al arte de Terpsícore. Alumnxs que ya no bajan la mirada, alumnxs con autoestima. La conclusión me la dio uno de mis maestros más queridos “Por fin te realizaste en la danza”.

Cierto, no como hubiera soñado antes, bailando en los mejores teatros del mundo, pero sí viéndolos a ellxs tras bambalinas, con ganas de llorar por los nervios al tope; logrando que unos cuantos, conscientes de lo que significa dedicarse a la danza, decidan que es un mundo que vale la pena vivirse, todo porque su profesora, da brinquitos de felicidad cada que les sale un movimiento.